miércoles, 10 de julio de 2013

5 ¡Se paró el motor del avión sobre Chapala!


 

 
La estancia de un Servidor en la Coordinación Regional Centro de la Subsecretaría de Infraestructura Hidráulica, fue una magnífica oportunidad de entrenamiento en varios sentidos: Entrenamiento profesional, pues además que nos permitía tener reuniones de todo tipo con personajes del más alto nivel, inclusive con el Presidente de la República o con el Gobernador de algún estado, teníamos en ocasiones que asistir en representación de la Subsecretaría a eventos que no tenían como tema central el agua, de manera que aprendíamos a movernos un poco en el mundo de la política, saliendo un poquitín de la Técnica.

 

También nos permitió adquirir experiencia en optimizar tiempos de traslado, pues en ocasiones requeríamos salir muy temprano de la Cd. de Querétaro para asistir a una reunión por la mañana en otra ciudad, después asistir a una comida de negocios en una segunda ciudad y por la tarde o noche, tener otra reunión en una tercera ciudad, para llegar a pernoctar a nuestra casa en la Cd. De Querétaro por la madrugada del otro día.

 

Por supuesto, este último aspecto nos permitió también conocer las mejores opciones de un viaje en avión, pues en ocasiones uno piensa que un viaje en avión puede ser mucho más rápido que el mismo viaje por tierra, pero en realidad cuando se pone uno a hacer cuentas del tiempo de traslado al aeropuerto, espera, viaje, llegada, traslado al sitio de la reunión, etc., resulta que si se hubiera uno trasladado por tierra hubiera hecho exactamente el mismo tiempo, o un poco menos, amén de la disponibilidad del vehículo.

 

Además, en la Coordinación, por gestiones de nuestro jefe, teníamos a disposición de la oficina un pequeño avión Cessna 310, que se podía manejar al gusto de nosotros, siempre que no lo ocupara nuestro Coordinador. Esto último era lo más frecuente.

 

Solo como ejemplo, les contaré rápidamente una anécdota que me sucedió el primer día de mi llegada a la Coordinación.

 

Llegué ese día a mi nuevo centro de trabajo, habiendo llegado el día anterior de mi natal Torreón, a hospedarme en uno de los hoteles de la ciudad, por lo menos hasta que llegara mi esposa y escogiera una casa a donde llevar los muebles.

 

Como no conocía ni el lugar de trabajo, ni mucho menos mi nueva oficina ni el personal a mi cargo, llegué directo a la oficina de mi nuevo Jefe quien en ese momento estaba gestionando una reunión en la Ciudad de Puebla, para definir el futuro de esa oficina, que originalmente formaba parte de la Oficina Regional de Querétaro. Ese día había llegado también, en circunstancias parecidas a la mía, otro compañero de Torreón.

 

Estábamos esperando que terminara de hablar por teléfono mi jefe, cuando él se dirigió a nosotros dos y nos lanzó directamente: ”Acompáñenme a Puebla a una reunión y regresamos, al cabo que vamos en el avión” Por supuesto que en las circunstancias en las que nos encontrábamos, para nosotros daba igual estar en Puebla que en Querétaro.

 

Sin mayores preparativos, unos 20 minutos después llegamos al aeropuerto para ir a Puebla, donde ya nos estaban esperando para llevarnos a la oficina. Tuvimos nuestra reunión y siendo ya un poco tardecito, nos dirigimos al aeropuerto de Tulancingo, para regresar a Querétaro. En el aeropuerto nos dijo el piloto que ya no nos iban a autorizar aterrizar en Querétaro, ya que cuando llegáramos allá, seguramente ya no habría luz de día.

 

Así, pues, nuestro jefe tomó la decisión que nos iríamos por tierra, sin embargo al pasar la camioneta por México, le hablaron a mi jefe y le dijeron que tenía que estar en Guadalajara al día siguiente.

 

Para no hacer el relato más largo y aburrido, solo les diré que el viaje de “ida y vuelta” que comenzó el miércoles en Querétaro, terminó el viernes en Guadalajara, donde tuve que comprar ropa de repuesto para poderme cambiar.

 

Ese era nuestro ritmo de trabajo durante todo el tiempo que estuve en la dichosa Coordinación.

En una ocasión, sin embargo, tuve que asistir a una reunión en la ciudad de Colima, así que mi jefe me dio oportunidad de usar el avión de la Coordinación. Salimos por la mañana de la Ciudad de Querétaro, debido a que aún  no se construía el aeropuerto de la ciudad de Colima, aterrizamos en el de Manzanillo, de manera que a las 10 de la mañana estábamos en Colima para nuestra reunión y por la tarde, a la hora que fijó el capitán, regresábamos a Querétaro, con tiempo suficiente para poder aterrizar sin problemas.

Ese día, como cualquier día de trabajo, tuvimos nuestra reunión, dado que de cualquier manera deberíamos regresar al Puerto de Manzanillo para tomar el avión, decidimos comer mejor en ese lugar y ganar un poco de tiempo. Cuando llegamos al Aeropuerto, ya estaba el piloto y el avión listo, de manera que solo tuve que abordar el avión y despegamos, con la autorización de la Torre de Control.

Una costumbre que adquirí desde que viajaba en avión oficial, cuando el piloto estaba ocupado o en comunicación con la Torre de control, me entretenía observando las características del terreno y constantemente, tratando de definir algún lugar donde poder efectuar un aterrizaje de emergencia, en caso necesario. Esta costumbre se vuelve una obsesión, aunque inconsciente, cuando se vuela frecuentemente.

Habían transcurrido unos 15 ó 20 minutos desde que despegamos del aeropuerto de Manzanillo, cuando teníamos a la vista el Lago de Chapala, imponente en toda su magnitud, pues a la vez que alcanzábamos a ver todo el lago, alcanzábamos a distinguir detalles en sus alrededores.

Cuando nos encontrábamos volando exactamente encima del lago, es decir, teníamos por debajo del avión, solo agua, repentinamente sentimos una brusca pérdida de sustentación y el avión se inclinó hacia el lado izquierdo, signo inequívoco de que el motor del lado izquierdo había perdido potencia.

Yo no dije nada, pues pensé que el piloto necesitaba concentrarse en su trabajo, sin embargo, pensaba en qué pasaría si teníamos que aterrizar en esas condiciones.

Con la velocidad que dan los años de entrenamiento y la juventud, el piloto inmediatamente “perfiló” la hélice del lado izquierdo, es decir, la puso en una posición en la que oponía menos resistencia al aire y tomó el micrófono para comunicar a la Torre de Control de Guadalajara que uno de nuestros motores se había detenido.

Recuerdo perfectamente que la torre de control, con la mayor serenidad del mundo, pero con hablar rápido, claro y hasta autoritario, le indicó al piloto que le iba a despejar el “camino” al aeropuerto de Guadalajara, que por cierto se encontraba relativamente cerca,  para que nos dirigiéramos hacia allá, sin problemas.

El avión se inclinó aún más, para dirigirse al aeropuerto de Guadalajara y vi que el piloto no dejaba de buscar de qué manera recobrábamos el motor apagado, principalmente tratando de “bombear” el combustible. Habrían transcurrido unos 5 minutos desde que el motor se había detenido, cuando las maniobras del piloto dieron resultado y el motor funcionó nuevamente, sin embargo el piloto me informó que por protocolo, una vez que avisa una aeronave que tiene dificultades, debe aterrizar, aunque esté nuevamente en condiciones de volar.

Así que nos acercamos al aeropuerto de Guadalajara y en los pocos minutos que nos separaban de él, efectivamente no había ninguna aeronave además de nosotros. Sin embargo, observé que el avión llegó a la cabecera de la pista a unos 15 o 20 metros de altura, cuando normalmente en ese punto ya están tocando tierra, pero descendió rápidamente sin mayor problema, con la potencia de los motores en  niveles normales.

Debo decir que una de las cosas que más me impresionó es que una vez que ya habíamos aterrizado e íbamos carreteando rumbo a la zona de hangares, por alguna razón voltée hacia atrás del avión y me di cuenta que atrás de nosotros venían los cuerpos de emergencia por si aún se requirieran sus servicios. Debo reconocer que en ese momento caí en la cuenta de lo que podría haber pasado... No quiero ni pensarlo....

Ya en tierra, el piloto estaba por rendir su informe, cuando me comentó que había notado que yo no había hecho aspavientos ni había perdido el control, que me felicitaba, le contesté una cosa que en realidad no la había pensado, pero que en ese momento reflexioné, que ya tenía él (el piloto) suficientes problemas con la situación, como para preocuparse por un pasajero histérico, además de que todo el tiempo yo estaba atento a ver en dónde caíamos y la manera de salir mejor librado.

Entonces yo le pregunté al piloto que porqué había llegado tan alto a la pista, a lo que él contestó que el paro de motor que nos había pasado en el aire podría repetirse en el aterrizaje y si eso pasara y llegáramos a la altura de costumbre, significaría un accidente seguro, de manera que prefirió llegar más alto que lo normal.

Mientras presentaba el reporte, aproveché para pedir a la oficina local que me proporcionara un vehículo que me trasladara a la Ciudad De Querétaro, por tierra.

Cuando el piloto terminó de presentar su informe de lo acontecido, salió de la capitanía y me preguntó que si volábamos a Querétaro, al fin y al cabo aún llegaríamos a buena hora. Lo que le contesté no está permitido escribirlo en un relato como éste, así que mejor imagínenselo!!!.

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